49 Reflexiones - ¿Qué tan firme es tu fe? (Marcos 1.10-11)

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Pensando en nuestra fe, ¿en qué y en quién esta basada?, muchos basan su fe en experiencias religiosas, situaciones que les hicieron sentir algo que no habían vivido antes y que les hace pensar que están firmes en la fe de Cristo, pero, nuestras experiencias, aunque puedan ser reales, deben ser contrastadas a la luz de la Palabra de Dios, y por eso debemos considerar el objeto de nuestra fe. Marcos nos ayuda en esto cuando nos habla de las credenciales de Cristo, porque con ello podemos identificar si nuestra fe está bien cimentada o no.

Marcos 1.10-11

“Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.”

Este pasaje es uno de tantos que nos ayuda a entender que Jesús es un Hombre que ciertamente vivió entre nosotros, cumplió toda justicia y tenía la autoridad y el poder para hacer la obra que el Padre le había encomendado.

Marcos nos dice que luego de que Jesús subió del agua, el Señor vio que se abrían los cielos, lo cual nos muestra algo muy interesante; y es que, aunque Dios estableció el cielo y el espacio como el límite de lo que podemos percibir, hay una realidad que no podemos negar, la de Su presencia más allá de lo que observamos.

Esteban, uno de los mártires de la iglesia, también vio los cielos abiertos (Hch 7.55-60); y en Apocalipsis se nos habla de un momento durante la tribulación en el que los cielos se desvanecerán y los hombres querrán esconderse del rostro de Aquel que está sentado en el trono (Ap. 6.12-17).

Así que estamos en medio de la presencia de Dios, y aunque vivamos pensando que hay momentos en los que nadie nos ve, la verdad es que todos estamos desnudos ante sus ojos y nuestras obras están descubiertas delante de Él.

¿Como crees que sería nuestra vida si en todo tiempo imagináramos los cielos abiertos, y al que está sentado en el trono observándonos?

Luego de esto, Jesús y Juan vieron al Espíritu Santo como paloma descendiendo sobre Él; con lo que Juan pudo testificar que Jesús es el Hijo de Dios, porque Aquel que lo envió a bautizar, también le dijo que: sobre el que viera descender el Espíritu y permaneciera sobre Él, ese sería quien bautizaría con el Espíritu Santo. (Jn 2.31-34)

Así, estamos en lo correcto cuando nos rendimos a la autoridad de Jesús, creemos en Él, y aceptamos su sacrificio de amor como pago por nuestros pecados.

Pero, como si esto no fuera suficiente, Marcos nos dice que en ese momento también se escuchó una voz del cielo que decía: “Tu eres mi hijo amado”. (v. 11)

Esa voz era Dios hablando y testificando que Jesús es su Hijo, aquel que había prometido para reconciliarnos con Él, y Quien gozaba de las credenciales para hacer su obra.

¿Cómo responderíamos si escucháramos ahora mismo una voz del cielo que hablara de Jesús? ¿Creeríamos en Él gracias a eso?

Muchos dirían que sí, que creerían si presenciaran algo como eso, porque quieren ver señales, pero, la verdad es que nuestra fe no se puede basar en cosas como esas, sino tiene que basarse en la persona de Jesús...

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